- Acudir cuanto antes a la habitación de nuestro hijo.
- Abrazarlo, calmarlo y ponerle una toalla refrescante en la cara.
- Decirle frases sencillas como: "venga cariño cálmate, no pasa nada, los papás están aquí contigo".
- Adoptar algunas medidas de prevención de posibles accidentes en caso de que nuestro hijo pierda el control: procurar que la cama no esté demasiado elevada, que la lámpara de la mesilla sea resistente, etc., para que no pueda hacerse daño.
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