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| Cómo hablar de sexualidad con nuestros hijos adolescentes |
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22/01/2012
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Considero sumamente importante la información acerca de este tema ...
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patricia
17/09/2009
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Fue de mucha ayuda este articulo realmente necesitaba tener un pa ...
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Ejem, ejem... Empiezan las preguntas sobre sexualidad y no sabemos demasiado bien cómo reaccionar. Tenemos claro qué no queremos para nuestros hijos, pero no encontramos un modelo que nos sirva para transmitir lo que pensamos. En este artículo te ofrecemos algunas ideas y consejos que pueden ayudarte a enfocar el tema.
- Cuida tu relación de pareja. La educación afectiva y sexual no consiste sólo en explicar cosas: en el ámbito familiar supone fundamentalmente ofrecer un modelo de lo que es una relación de pareja funcional que, con sus defectos y virtudes, permita aprender al adolescente de un modelo de relación que valore positivamente.
- Habla con tus hijos. De nada en especial o si lo prefieres, de todo un poco. En conversaciones cortas, casuales, no premeditadas. Aprovecha las diferentes ocasiones en que un clima distendido y relajado permita cualquier tipo de conversación. La finalidad es, en primer lugar, conversar, y en segundo lugar favorecer que sea posible conversar sobre cualquier tema.
- Evita sermones y conferencias. No llevan a ningún lugar y fomentan que se corten de raíz posibles conversaciones en el futuro. Mejor no asumas posiciones dogmáticas.
- Escucha a tus hijos. Hablar con los hijos no es exponer las propias opiniones o normas: es dialogar, hablar y también escuchar. Es intentar entender el mundo de tu hijo y ayudarle a construirlo.
- Crea pequeños espacios improvisados en los que el diálogo sobre cualquier tema pueda fluir espontáneamente. Aprovecha alguna pequeña gestión para pedir a tu hijo o hija que te acompañe y hablad de temas cotidianos que no sean objeto de confrontación entre vosotros, por ejemplo de deportes o de la preparación de alguna fiesta de aniversario de alguien de la familia...
- No tomes como medida lo que hacías o pensabas a su misma edad. No es una medida válida, ya que las experiencias y el grado de desarrollo psico-físico de unos y otros no son comparables.
- Ayúdales a desarrollar su autoestima y su propia valía. Un adecuado grado de autoestima es uno de los factores más importantes en la prevención de determinados comportamientos de riesgo.
- Haz saber a tus hijos que confías en ellos y que ellos pueden confiar en ti. Es muy importante que tus hijos sepan que confías en ellos. También es muy importante que ellos sepan que ante cualquier problema pueden confiar en ti.
- Ayúdales a valorar y asumir sus propias responsabilidades. La responsabilidad no se aprende en los libros, es un aprendizaje vital que, todo hay que decirlo, requiere de un modelo.
- Hablad sobre sexualidad mejor que sobre sexo. La educación afectiva y sexual tiene mucho que ver con la educación en valores y con las actitudes. Para hablar de cuestiones más especificas lo más probable es que sus hijos prefieran hacerlo en la escuela.
- No te preocupes si no conoces las respuestas. De lo que se trata es de si se puede hablar o no. O incluso de si se puede hacer alguna consulta a una tercera persona, pero juntos. Saber o no la respuesta no es lo importante, lo importante es la actitud que se transmite.
- Preocúpate por la educación sexual que sus hijos reciben en la escuela. Individualmente, como padres o como asociación de padres, pedid a la escuela de tus hijos información sobre la educación afectiva y sexual que en ella se imparte. Si no hay programa de educación sexual, apoyad a la escuela para que lo ponga en práctica.
- No tengas reparo en pedir consejo cuando lo necesites. Consulta con los profesores de sus hijos o con los responsables del programa de orientación de la escuela. Te ayudarán.
Pere Font
Psicólogo. Director del Instituto de Estudios de la Sexualidad y la Pareja
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MªANGELES RODILLA
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01 marzo 2001
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Yo creo que algo que debe primar en lo que respecta a la educación sexual es la naturalidad y la sinceridad. En nuestro caso y con 3 niños pequeños pensamos que los niños deben acostumbrarse desde pequeños a ver los cuerpos desnudos de sus papas y hermanitos (al salir de la ducha, cuando nos vestimos para salir...) como algo natural y no como un pecado, como era cuando nosotros eramos pequeños.
De momento es así porque aún son pequeños, pero nuestro hijo mayor de ocho años, ya empieza a mirarnos de otra manera. Incluso a veces se le escapa alguna sonrisita picarona. Me pregunto, si debo empezar a cambiar de táctica,porque hay momentos en los que ya me hace sentir un poco violenta.
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