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7 consejos para conseguir la dependencia emocional en tus hijos

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Hoy me he levantado con ganas de IRONÍA (lo comento para que no haya malentendidos, que nunca se sabe), y con ganas de hablar de la dependencia emocional de nuestros hijos.

Corre por ahí el bulo de que la principal responsabilidad de los padres es ayudar a los hijos a desarrollar un carácter firme, basado en una autoestima fuerte que demuestre un nivel sano de independencia emocional. Quizá sea este tu deseo, pero si no es así, si lo que deseas es que tu hijo/a sea dependiente emocionalmente de ti y que, conforme crezca y empiece a vivir su vida de adulto, necesite igualmente estar dependiendo emocionalmente de otras personas (de su pareja, de algún amigo/a, buscando siempre la aprobación de los demás, etc.), te voy a mostrar cómo puedes conseguirlo con unos sencillos consejos:

7 consejos para conseguir la dependencia emocional en tus hijos

1. No le muestres afecto o muéstraselo de forma irregular


Ten en cuenta que tu hijo/a tiene una necesidad especial de recibir afecto de sus figuras de apego, de forma casi patológica durante los primeros años de vida. En la medida en que lo reciba de forma permanente e incondicional se irá forjando un nivel de fortaleza interior que le convertirá en un joven, y luego un adulto, fuerte emocionalmente, sin depender continuamente de la aprobación y las demostraciones continuas de cariño de los demás.
Por tanto, lo mejor que podrás hacer es intentar que no crezca con esa seguridad interior. Que piense que él no es una personita merecedora del afecto incondicional de sus padres, que el afecto dependerá de cómo se porte, de la buena voluntad de sus papas, etc.
Así desarrollará una especia de “sed interna” que le empujará a estar buscando continuamente en ti ese afecto que nunca sentirá como seguro.

2. Enfócate, sobre todo, en lo que debe mejorar


El objetivo fundamental de un niño es desarrollar competencia, y la mejor forma de hacerlo es sumergirlo en un proceso de “mejora continua”, en el que se evalúa constantemente en base a unos altos estándares de calidad. Así que, por ejemplo, cuando tu niño de 3 años venga ilusionado con un dibujo que ha pintado en el colegio, primero, no le dediques mucho tiempo y segundo, dedica más tiempo a explicarle cómo mejorar (no salirse de las rayas, elegir los colores correctos, etc.) que a alabárselo.
Si haces esto, no sólo fomentarás su inseguridad, sino también una sensación interna de que “nunca es suficiente”, nunca hará lo suficiente para ganarse tu admiración y respeto. El camino hacia la dependencia emocional estará bien enfocado.

3. No le pongas límites ni rutinas


Un niño -y cuanto más pequeño aún más- necesita ver el mundo como algo previsible en el que hay rutinas y en el que sabe qué puede hacer y qué no. Esto ayuda a su saciar su necesidad interior de seguridad. Por lo tanto, intenta que esto no se dé. No le digas lo que tiene que hacer, que él decida qué es lo correcto e incorrecto. Di eso de que: “es bueno que aprenda de las experiencias”, pero, cuando esas experiencias tienen consecuencias negativas (ej. castigado en el cole por pegarle a un compañero o insultar al profesor), defiéndelo a ultranza, pues no puedes permitir que aprenda a manejar la frustración (esto lo fortalecería interiormente, y no es lo que buscamos, no lo olvides).

Tampoco le marques rutinas ni responsabilidades, que aprenda él sólo a regularse, marcarse sus propios límites (tiempo de comida, cuándo ir a dormir, cuanto tiempo dedicar a estudiar o jugar, etc.). Enseñarle responsabilidad a base de darle responsabilidades adecuadas a su edad es otro de los factores que crean seguridad interior lo cual ¡no queremos que ocurra!
Por tanto, ¡que nunca tenga responsabilidades en casa! Tú te bastas solito o solita para todas las tereas, ¿para qué vas a pedirle nada a tu hijo/a, si además te va a tomar más tiempo explicárselo y supervisarle que hacerlo tú?

4. Y por supuesto, si decides incumplir el punto anterior, al menos que esas rutinas y límites sean incongruentes e inconsistentes


Si no eres capaz de dejar a tu hijo/a educarse sólo/a, al menos dificulta el proceso con actitudes como:

  • Poner límites y rutinas no adaptados a su edad (exigiéndole, por ejemplo, que recoja su habitación “solito/a” con dos años).
  • No seas modelo en el cumplimiento de esos límites (p. ej. hablando mal mientras le regañáis por su vocabulario).
  • Regáñale por “tonterías” y déjale pasar cosas más graves (dependiendo de tu estado de ánimo, por ejemplo).
  • Enfádate y castígale cuando haga algo incorrecto  y, sobre todo, no le digas cómo tendría que haberlo hecho (porque ya se lo explicaste una vez, y si no lo hace es porque no quiere), etc.

Si actúas de este modo, evitarás el beneficio que tendría para él haber incumplido por tu parte el punto anterior al intentar educar a tu hijo.

5. Coméntale que “las cosas malas las hacen niños malos, y las equivocaciones los torpes”


Este consejo es crucial. Tu niño debe de interiorizar que esas “equivocaciones”, esas torpezas de la edad, esa exploración del mundo y sus límites, no son adecuadas. Debe de asumir que cada vez que hace algo fuera de los cánones establecidos es síntoma de su maldad intrínseca.
Las etiquetas negativas serán una ayuda ideal para ti a la hora de conseguir que tu hijo/a configure su personalidad conforme a tu gusto, además de que con ello reducirás su sentido de valía o lo harás depender de ciertos logros (por ejemplo, “eres bueno sólo si te portas bien”). La dependencia emocional también tiene que ver con las etiquetas, no lo olvides.

6. Grítale con ganas cuando haga algo incorrecto


(Y aún más efectivo sería que le pegaras una buena “zurra”, pero claro, corres el peligro de que alguien que te vea de denuncie, así que se trata de que críes un niño inseguro, pero no de que te metan en la cárcel o te quiten la custodia).

Con los gritos continuos conseguirás varias cosas, pero dos de ellas serán:

  1. Que su búsqueda de afecto de parte de ti se intensifique patológicamente (puede darse el caso de que se acostumbre y sea el modo en el que busque ser atendido por ti, que continuamente se esté “portando mal” porque así interpreta que con tus gritos al menos le atiendes, pero no te preocupes, esta reacción es pesada para los padres pero es buena para nuestra causa: criar un niño inseguro y dependiente emocionalmente)
  2. Que su sentido de pertenencia o raigambre a un entorno afectivo sano se deteriore o no se llegue a forjar. Este consejo, si lo sigues al pie de la letra, te será realmente útil. Y no es difícil, sólo tienes que “echarle pulmones”.

¡Ánimo! Ya te queda menos para que la dependencia emocional de tu hijo/a sea un hecho.

7. Suplid vuestra necesidad de afecto y ternura en la pareja con vuestros hijos.


Este consejo hay que ponerlo en práctica en equipo. Muchas parejas –no sé si será tu caso- pasan por momentos complicados a nivel afectivo. Con el tiempo, si no se cuida el aspecto de la ternura entre la pareja, la relación se puede volver bastante “seca emocionalmente” llegando a vivir los dos en un pequeño “infierno” de silencio emocional.

Cualquier psicólogo o terapeuta familiar os recomendará que habléis, que os sinceréis, y que empecéis a dar pasos de cara a solucionar vuestra situación. Sin embargo, esto que puede ser tan bueno para la pareja, puede ser nefasto para el objetivo de criar hijos dependientes emocionalmente. Si quieres conseguir este segundo objetivo, no hagáis nada para mejorar vuestra relación y saciad vuestra ansia de afecto volcándoos en los hijos. Ellos tienen que notar que vuestro cariño hacia ellos es extrañamente desbordante y extrañamente discordante con la falta de él en el ambiente familiar.

Cuando te apetezca dar o recibir un abrazo de tu pareja no lo hagas, dáselo a tu hijo/a. Tus hijos no captarán, a nivel profundo, que la familia es un entorno de afectos, donde el afecto entre ellos y sus padres es muy importante, pero dónde hay otras relaciones de afecto de igual valor (como la de padre-madre, p. ej.). Paradójicamente, de este modo, aunque recibirá afecto -cosa que es muy sana para su autoestima y fortaleza emocional- al no estar supliendo otras necesidades básicas como son las de seguridad y pertenencia a un entorno afectivo sano, buena parte del efecto positivo de ese afecto se perderá y seguirás sembrando en dirección a una dependencia emocional efectiva de tus hijos.

Te voy a ser sincero. Yo me esfuerzo en no seguir para nada estos consejos en mi familia.

Ahora bien, como normalmente me encuentro con que los que leen mis artículos son padres y madres como mi mujer y yo, que quieren que sus hijos crezcan sanos y fuertes emocionalmente, he pensado en no discriminar por eso a los que no quieren lo mismo para sus hijos/as y darles también algunos consejos útiles al estilo de Maquiavelo.

Concluyendo ya muy en serio, espero que se entienda la ironía (y el enfado que transmito con ella), y que la reflexión que te provoque este artículo pueda ayudarte a dar un pasito más en esa preciosa aventura que es la crianza y educación de los pequeñines de la casa.

Mis mejores deseos en esa aventura.

Jonathan Secanella
Coach y formador en Escuela de emociones

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