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Cómo pasar del like al love: ocho abrazos de seis segundos por día

Nos ha encantado la entrevista que la periodista Ima Sanchís ha hecho a Andy Stalman, experto en ‘branding’, en La Vanguardia.
Os la reproducimos a continuación porque os permitirá pensar hasta qué punto le estáis dando la importancia que tiene a la educación digital de vuestros hijos, a su educación en valores y su educación afectiva.

Os marcamos en azul algunas ideas que nos parecen interesantes para reflexionar.

“Propongo ocho abrazos de seis segundos por día” por Andy Stalman


Ni dos, ni tres, ni nueve…, ocho abrazos.
Ocho abrazos de seis segundos es lo mínimo.

¿…?
Lo mínimo para que la oxitocina impacte en el cerebro para que establezcamos lazos más profundos de confianza y de generosidad.

Usted se ha dedicado a posicionar marcas.
Sí, crearlas, desarrollarlas e inventarlas.

Usted mismo es una marca.
Todos lo somos.

Dice que internet nos deshumaniza, pero vive ahí.
Internet ha amplificado lo que somos como ­sociedad.

Es un espejo.
Sí, y lo que se refleja es mucha deshumanización. Vivimos en una sociedad smartpohone-céntrica y necesitamos transformarla en una sociedad humanocéntrica.

Vivimos bajo la tiranía del like.
Soy partidario de promover una evolución del like al love. El like es efímero, y en esta sociedad digital lo efímero es la norma: todo dura nada. El amor, las relaciones, la confianza tardan mucho en construirse, pero no son efímeras.

Algo tendrá el like que ha triunfado…
Refleja esa necesidad de gustar, de ser reconocido, querido. Refleja la soledad de esta era de hiperconexión.

¿Los likes son abrazos virtuales?
Está demostrado científicamente que los chutes digitales de likes son equivalentes en según qué niveles a una raya de cocaína.

¡…!
Los adultos somos adictos a la información y a la tecnología, ¿cómo vamos a preparar a nuestros hijos para que lidien con eso? No es un tema generacional, sino de personalidad.

Los adolescentes exponen su vida en las redes.
Sufren una carencia de habilidades sociales. Con un móvil en la mano son capaces de cualquier cosa, pero sin él se sienten huérfanos. Nadie les enseña a manejarlo, a ser conscientes del impacto que tiene en su futuro ese material fotográfico y videográfico que cuelgan en la red. ¿Dónde entra la educación en este universo?

No entra.
Muchas escuelas se creen modernas porque enseñan a través de tablets, pero cualquier maestro que pueda ser reemplazado por un ordenador merece que lo sea, dice David Thornburg.

Puede que nos atraiga la frivolidad.
Esa superficialidad puede y debe evolucionar, debemos reflexionar para después actuar, porque hay mucho de bueno en esa hiperconexión.

¿Cree que las redes han mejorado las relaciones humanas?
Sí, un 12 de enero de hace diez años no existían Airbnb (que ha permitido que mucha gente pueda viajar), ni Instagram (que ha ayudado a que mucha gente comparta historias), ni WhatsApp (que permite estar en contacto pese a la distancia, o Google (que nos permite saber y conocer) …

¿Hay manera de protegerse del tiempo que nos roba la publicidad?
Un ciudadano recibe alrededor de 5.000 impactos de marca por día, pero por la noche su cerebro sólo ha retenido el 0,4%. Hay una transformación también en el mundo de las marcas para pasar a la ética.

¿Ética?
Sí. La ética es pobremente una de las palabras de las que más se va a hablar en los próximos años. Precisamente gracias al acceso a la información y la capacidad de compartir y denunciar las malas prácticas.

Hemos llevado nuestra emocionalidad a las redes. ¿Cómo recuperarla?
Recuperando cosas esenciales y básicas como un buen abrazo. Pero tenemos miedo a sentir. Hay que quitarse la careta, salir de esos mundos imaginarios y superficiales que tanto estrés provocan, sobre todo en los jóvenes que tienen que mostrarse espectaculares todo el rato.

Recuperar el encuentro.
Sí, la buena conversación… Y yo soy optimista, veo ese cambio de conciencia. Uno de mis tuits que más se retuitean dice: “Es tiempo de entender que no se trata de trabajar para ser importantes, sino de hacer cosas que importen”.

Primero deberíamos establecer qué es lo que importa.
Estoy de acuerdo. Hay que recuperar lo humano tanto en el off como en el on line. Estamos aprendiendo a vivir entre dos mundos que ya son uno, porque si no estás en él estás en out.

Vivimos acelerados.
Conviven países que degüellan a personas con otros que quieren plantar tomates en Marte, el analfabetismo y la inteligencia artificial. En Noruega los coches eléctricos superan a los de gasolina. EE.UU. y Rusia perforan en el Ártico.

Un sinsentido.
Carl Jung afirmaba que el péndulo de la mente alterna entre el sentido y el sinsentido, no entre el bien y el mal. Chequeamos el móvil 230 veces al día y eso no tiene mucho sentido.

¿Qué nos pasa?
Que no sabemos qué es lo que nos está pasando, que es algo nuevo, un aluvión tecnológico, pero la solución no es darle la espalda.


La pregunta más buscada en Google en el 2017 fue cómo. En el 2018 quizá deberíamos preguntarnos para qué.

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