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Motiva…¡sin herir!

En ocasiones, con nuestro afán de control y perfeccionismo, después de elogiar a nuestro hijo una conducta, añadimos una crítica o un juicio. Un “pero…” que anula la fuerza de nuestra motivación.
Esa valoración deja de ser motivadora para convertirse inmediatamente en una recriminación. Su efecto es nulo o negativo a pesar de nuestra buena intención.
Este es un buen ejemplo:

Padre dice: Felicidades por las buenas notas. Lástima que con un poco más de trabajo podrías haber sacado dos sobresalientes más…
Hijo siente: Da igual lo que haga que nunca estará orgulloso de mi...

Padre dice: Felicidades por ese gol pero podrías haber marcado otro más si hubieras estado más atento.
Hijo siente: Haga lo que haga, nunca lo haré bien para él…

Si queremos motivar, no busquemos “peros“. Felicítale por ese gol, por su buen pase, por su buena planificación en el campo. Describe sus aciertos. Ayúdale a interpretar el valor y el significado del éxito. Y si debes corregir errores, hazle las preguntas necesarias para evaluarlos pero sin quitarle merito a su éxito. El “pero” es una conjunción cuyo significado busca un defecto y no una mejora.

Una buena mediación sería ésta: Me ha encantado ese pase. Has elegido el momento adecuado para pasarlo. ¡Ese gol es tuyo!  Has sabido ver el momento y has tomado la mejor decisión, felicidades!.  Y ningún “pero” ni “ojalá” ni “lástima“….  Elige otro momento para ayudarle a mejorar, a buscar estrategias para marcar un segundo gol pero ahora permítele un espacio y un tiempo para disfrutar de su éxito y repasar mentalmente la jugada. Posiblemente él mismo pueda ver esas otras alternativas en esa visualización satisfactoria.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos.com

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