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¿Qué puede aprender, si acaba de nacer?

Acaba de nacer y ya es capaz de aprender los rudimentos del lenguaje afectivo y de las emociones. Con su llanto nos levanta como un rayo para ver qué le sucede, con su sonrisa nos conmueve el alma provocando nuestro más profundo abrazo, con sus balbuceos nos lleva a diálogos ininteligibles llenos de ta-ta-tas y gu-gu-gus.
Nuestro bebé es un maestro en provocar respuestas y nosotros podemos estar atentos y dispuestos a escuchar y responder en cada momento de modo que aprenda cómo “conversar” con las emociones y cuál es el lenguaje del afecto y del cariño. Porque nuestra empatía hacia el bebé es el espejo emocional en el que él aprenderá a mirarse. Ese será el modelo que incorporará a su personalidad. Esa será, de algún modo, la manera en que “aprenderá a hablar” el lenguaje de las emociones.

 

La familia es el primer modelo de afecto y cariño que el bebé tiene. En ella encontrará reflejadas las conductas que más satisfacción y seguridad le proporcionan: las respuestas a sus demandas y necesidades, las demostraciones de cariño, los juegos, las caricias… Siendo el de las emociones un lenguaje, debe ser aprendido en los primeros años de vida y, preferentemente, en el seno de la familia. Los lenguajes que se aprenden en la primera infancia son hablados con el acento adecuado y con mayor fluidez y claridad.

El bebé, aunque extremadamente dependiente es altamente competente y está excelentemente dotado para el aprendizaje emocional. Su gran necesidad de afecto le lleva a recibir y responder a la conducta afectiva que predomina en quienes conforman su entorno. Ese será el modelo que incorporará a su personalidad. Esa será, de algún modo, la manera en que “aprenderá a hablar” el lenguaje de las emociones. Conviene que revisemos la calidad y la cantidad de nuestras respuestas emocionales y afectivas ante nuestro bebé: ¿le atendemos siempre que lo necesita?, ¿estamos a su lado explicándole los sucesos que le acontecen?, ¿respetamos su descanso y sus tiempos de observación y descubrimiento?, ¿provocamos su risa y respetamos sus llantos diciéndole que le queremos y que queremos ayudarle?

Para que un lenguaje sea comprendido debe ser primero oído. En este caso, la empatía es la escucha emocional. Es el “oído del corazón”. La empatía es la capacidad para sintonizar emocionalmente con los demás y esta capacidad, imprescindible para el buen desarrollo socio-emocional del niño, debe ser adquirida por el bebé ya en sus primeros meses de vida. Nuestra empatía hacia el bebé es el espejo emocional en el que él aprenderá a mirarse y aprenderá a su vez cómo mostrarse empático.

Cuando nuestro bebé recién nacido llora reclamando atención y nuestra respuesta es adecuada y oportuna, está recibiendo un mensaje vital: “eres importante para mi y comprendo lo que te pasa”. Con nuestra actitud, le demostramos el amor que sentimos por él a la vez que le proporcionamos una sensación de seguridad y de goce que ayudará a su mejor desarrollo y crecimiento. En cambio, cuando reiteradamente obviamos los llantos de un bebé, le estamos dando un mensaje contrario: “no me interesas lo suficiente como para responderte o no comprendo lo que te sucede”.

El primer año de vida de nuestro hijo está lleno de oportunidades en las que el aprendizaje emocional es la base:

  • Cuando le amamantamos y mira nuestro rostro ¿está sonriente y comunicativo o preocupado y silencioso?
  • Cuando le cambiamos o bañamos y nuestras manos tocan su delicado cuerpo, ¿lo hacemos despacio y con ternura, queriendo estimular el tacto a través de su piel o apurados y fríos porque mil cosas nos esperan para ser terminadas?
  • Cuando paseamos con él ¿le hablamos y explicamos las cosas que vamos viendo o nos molestamos por tener que hacer cada día lo mismo?
  • Cuando está despierto ¿jugamos con él disfrutando del hecho de estar juntos, enseñándole los juguetes,las texturas, los colores, acompañándolo todo con mil sonrisas y mil palabras o le dejamos en su cuna o en el parque con fríos objetos y una enorme soledad?

Nuestra presencia activa y constante interpreta para nuestro hijo el mundo que le rodea, no sólo el mundo material de los objetos y las acciones, también el mundo afectivo, lleno de códigos y requisitos, imprescindibles todos ellos para una óptima adaptación al ambiente y a la cultura en la que vivimos.

A continuación se exponen una serie de pautas que ayudarán a nuestro bebé en su desarrollo emocional:

  • Acercarnos a él, hablándole de lo mucho que le queremos, de lo bien que nos sentimos a su lado o de lo agradable que es cuidarle.
  • Despedirnos de él cuando nos vayamos dejándolo con otra persona y saludarlo efusivamente cuando regresemos de modo que pueda comprender que aunque nos vayamos, siempre regresamos.
  • Tenerlo en brazos a menudo demostrándole el cariño que sentimos por él. Aprovechemos estos momentos para hablar de los propios sentimientos así como de los de nuestro hijo. Aunque él no pueda expresarse mucho, aprenderá que estamos dispuestos a escucharle y que los sentimientos también se pueden expresar con palabras.
  • Jugar con él a poner caras graciosas, a hacer muecas divertidas animándole a que nos imite. Jugar juntos a este juego frente a un espejo.
  • Hablarle de lo que sienten los otros niños en los momentos en que estamos en grupo y hay otros niños cerca.
  • Permitir que el niño investigue, descubra, se equivoque y deba volver a empezar. Así adquirirá la satisfacción de lograr cosas por sí mismo
  • Respetar los momentos en los que está solo jugando con un objeto y su actitud refleja una gran concentración. Estos momentos son fundamentales en el aprendizaje de los bebés. En ellos, su mente está actuando como una esponja que absorbe todas y cada una de las características apreciadas a la vez que le permite ampliar un tiempo de atención mantenida que deberá ser cada vez un poco más largo.
  • Respetar la individualidad. Cada bebé es diferente y caer en las comparaciones, ya sea entre hermanos o entre hijos de amigos, sólo traerá frustración e inseguridad.
  • Ampliar el vínculo amoroso del bebé con sus padres. Mediante el juego, las risas, las cosquillas, los paseos. Debemos dedicar tiempo, mucho tiempo a nuestro bebé. Los padres somos las personas de referencia en las cuales nuestro hijo aprende a mirarse. Procuremos que el tiempo que pase con terceros sea el menor posible. Y cuidemos también muy bien quiénes son esos terceros y cuál es su calidad emocional y afectiva.
  • Veamos el llanto como un lenguaje. Los bebés no lloran para amargarnos el día, lloran porque no pueden hablar y contarnos lo que les sucede.
  • Festejemos la sonrisa de nuestro hijo. Comuniquemos la alegría de estar juntos, de vivir y compartir días llenos de experiencias, no dejándonos llevar por los problemas o las inseguridades. El buen humor y la alegría nos ayudarán muchísimo en la crianza de nuestros hijos.
  • Dar a los hermanos espacio para el cuidado y la estimulación del pequeño. Nadie puede hacer reír tanto a un bebé como su hermano.
  • No escatimes los elogios y alabanzas. Celebremos los errores como un camino hacia el perfeccionamiento. Mantengámonos cerca cuando nuestro bebé fracase y elogiémosle cuando triunfe. Estaremos construyendo así una buena imagen de sí mismo a la vez que le mostramos que el problema no es equivocarse, el problema es no querer volver a intentarlo.

 

Carmen Herrera García
Profesora de Educación Infantil y Primaria

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