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Adolescentes y abrazos: una combinación posible y necesaria

Si crees que tu hijo adolescente ya no quiere tus abrazos, te equivocas. Los necesita más que nunca, aunque no te los pida.

Dan en la diana de lleno. Los abrazos dicen: “te quiero aunque estemos enfadados”, “entiendo cómo te sientes” o “estoy contigo aunque no acepto tu comportamiento” sin necesidad siquiera de buscar palabras a esos sentimientos.

Hace un tiempo mi hijo (17 años entonces) y yo vivimos una situación de crisis. Me desafiaba sin posibilidad de comunicación en ese momento. Estaba tan fuera de sí que la mejor opción, y casi la única, era salir de la habitación dónde estábamos y dejar pasar el tiempo. Y así lo hicimos: cada uno se fue a su habitación.

Una vez en mi habitación tuve la necesidad de decirle de alguna manera que sentía lo que había ocurrido minutos antes y que le quería. Yo no estaba enfadada, tan solo preocupada por él pero él estaba muuuy enfadado conmigo. Pensé que quizás no era un momento apropiado para acercarme y darle un abrazo, pero decidí arriesgarme a recibir un improperio. Estaba sentado en la silla de su cuarto, me acerqué y le abracé por detrás. Sorprendentemente no hizo nada para evitarlo, me acarició la mano y se puso a llorar. Ese abrazo nos conectó y pudimos hablar en el mismo idioma.

¡Ese abrazo lo supuso todo! Y pensar que podría no habérselo dado por ego, por comodidad o por miedo a empezar una nueva batalla o ser rechazada…

Creo que necesitas un abrazo…


Dile así de claro: “creo que necesitas un abrazo”. Sin más explicaciones. Él se encargará de interpretarlo. El contacto físico se necesita para sobrevivir. Se necesita para comunicar nuestros sentimientos. Para concentrar todo nuestro amor en un segundo, sin necesidad de ponerle palabras. Es la manera más directa y sentida de decir “lo siento”, sin juzgar ni valorar nada.

Los abrazos tienen el poder, si son sinceros, de juntar las partes rotas de un adolescente herido. Incluso en las situaciones más conflictivas (o precisamente en ellas), ofrécele un abrazo y deja que él decida aceptarlo o no. Tú sencillamente, ¡regálaselo!

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos.com

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