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Castigos y consecuencias no son lo mismo

Sabemos que no siempre es fácil saber cuándo estamos aplicando consecuencias o castigos. A veces, imponemos los castigos de siempre e impedimos que nuestros hijos experimenten sus propias consecuencias.
Castigos y consecuencias no son lo mismo. ¿En qué se diferencian?

Sencillamente, las consecuencias enseñan a los hijos a hacerse responsables de sus elecciones y su conducta. Los castigos evitan una conducta por imposición del adulto, por miedo y amenazas y no porque nuestros hijos hayan comprendido lo incorrecto de su conducta.

Pablo.  7 años. Sabe que no debe llenar de agua el suelo del baño cada vez que se ducha. Sin embargo, lo ha hecho. Castigo: No verá la tele el resto de la tarde o se quedará sin el cuento de la noche. Consecuencia: Deberá coger los utensilios necesarios para recoger el agua y dejar el baño en las mismas condiciones como las encontró.

Juan. 8 años. Sabe que no se debe “salpicar” en el suelo del baño cuando va a orinar.Castigo: Cada vez que ensucia el water, sus padres le amenazan diciéndole que le van a poner un pañal de bebé. En alguna ocasión se lo han puesto. Consecuencia: Cada vez que ensucia el water con su orina, tiene que limpiarlo.

 Maria. 10 años. Tarda cada día más de una hora en cenar. Castigo: Se va a la cama sin acabar de cenar. Casi nunca toma el postre o se lo acaba en el cuarto de baño. Consecuencias: Al cabo del tiempo estipulado, se le retira la comida y se guarda en la nevera para comerla al día siguiente.

Enrique. 12 años. Jugando con el mando a distancia de la televisión, se le ha caído y lo ha roto. Castigo: No podrá ver la televisión durante una semana. Consecuencia: Tendrá que comprar con su dinero un mando a distancia nuevo.

Ana. 14 años. No puede hacer llamadas de teléfono a sus amigas a partir de las 10,00h, durante la semana. Incumple la norma. Castigo: No podrá salir con sus amigas el sábado siguiente. Consecuencia: Pierde el privilegio de llamar por teléfono durante una semana.

Sara. 16 años. Nunca tira la ropa sucia en la cesta correspondiente. Castigo: Se quedará sin comprarse el pantalón que tanta ilusión le hacía ya que no cuida la ropa. Consecuencia: No se le lavará aquella ropa sucia que no se coloque en el sitio estipulado para ello. Posiblemente en poco tiempo se quedará sin ropa que ponerse.

¿El secreto de una consecuencia eficaz?
  •  No añadir ningún tipo de comentario. Evitar reproches, ironías y humillaciones. La consecuencia es suficientemente clara.

Mario. 6 años. Se ha quemado levemente el dedo por tocar una olla caliente. No decir: “Ya lo veía venir”, “estaba seguro que pasaría esto”. Simplemente, callar y curar la herida.

  • Debe ser inmediata. Juan juega a tirar bolitas de pan a su hermano en la cena. La consecuencia inmediata es quitarle el pan en ese momento, no al cabo de un rato.
  • Debe guardar relación con la conducta de tu hijo. No tiene sentido que castiguemos a nuestro hijo sin dulces o sin ver la televisión por no recoger los juguetes del suelo. Sería más apropiado el hecho de retirarle los juguetes no recogidos durante una temporada.
  • Ofrece a tu hijo un modelo a imitar. Oscar juega incorrectamente con el cuchillo, haciendo el payaso delante de sus hermanos. Su padre puede actuar de dos maneras: “Oscar, todos sabemos que eres un poco pequeño y por eso no sabes utilizar el cuchillo como un mayor; ¡te acabas de quedar sin cuchillo!” o bien “en la próxima comida podrás volver a utilizar el cuchillo”. La consecuencia es la misma (quedarse sin cuchillo) pero la segunda opción ofrece un modelo a imitar.
  • Coherencia entre los padres. Ambos padres han establecido que no se puede jugar a la Play Station entre semana. Si Alicia les pregunta por separado si puede jugar a la play, ambos deben mantenerse firmes, sabiendo qué es lo que contestará su pareja.
  • Mejor consecuencias de poca duración que a largo plazo. Juan tiene 15 años y sabe que no puede hablar por teléfono más que 10 minutos. Infringe la norma. Sus padres le castigan un mes sin teléfono. En este caso, habría sido razonable acotar más el tiempo de pérdida de privilegio, por ejemplo, una semana. De esta manera, ofrecemos al niño la posibilidad de probar de nuevo después de la consecuencia estando todavía caliente la infracción.

Primera parte de este artículo:  ¿Castigos? No, gracias.

Elena Roger Gamir Pedagoga Centro de Desarrollo Cognitivo Cognitum

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