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¿Educas “a la carta” o “al por mayor”?

Tu hijo no eres tú. Ni su mapa mental. Ni su corazón. Ni sus necesidades ni habilidades cognitivas. Se parece en ciertos aspectos, pero es un ser humano diferente y cada vez lo será más, si le permites serlo.

Todo igual, no sea que tengan celos…


También se parece a su hermano, pero no es él. Y es verdad que, si un hijo exige “mucho trabajo“, dos mucho más. Y cuesta no educar de la misma manera, homogeneizando el proceso: mismas rutinas, mismas normas, mismos limites, mismas atenciones, mismos regalos, mismo tiempo a cada uno… no sea que tengan celos…

Pero igual que una gardenia y un jazminero exigen cuidados diferentes, desde la acidez de la tierra hasta el tipo de abono o cantidad de agua, nuestros hijos tienen necesidades diferentes, desde la cantidad de atención que necesitan hasta la manera de dirigirnos a cada uno de ellos.

¿Hijos en serie, educación en serie?


Incluso los límites y las normas deben estar adaptados. A un hijo puedes dejarle las llaves de casa, pero a otro no. Uno puede llegar a casa a las 3 de la madrugada, pero otro no. Con uno puedes negociar ciertas normas y con otro no. Lo único que no varía es el respeto a su individualidad y a la manera de comunicarte con ellos. Sencillamente es un tema de objetivos, madurez, responsabilidad o confianza.

¿Es injusto educarles de manera distinta?


Y esto no es injusto. Ni discriminador. A esto se le llama dar a cada uno lo que necesita en cada momento. Sin comparaciones. Tan solo centrándonos en lo mejor para cada uno de ellos.
Aunque puedas pensar que tu hijo puede sentirse discriminado por el trato diferente entre hermanos, a la larga les ayudas a entender que cada uno de ellos es valioso precisamente por sus diferencias. Que cada uno se merece un trato distinto en función de sus características y necesidades, no de su valía.
Y ese esfuerzo por educar y exigir de manera personalizada es precisamente lo que inducirá a tu hijo a pensar que es valioso y que se le respeta tal y como es, con todo su lote de talentos y defectos.

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Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

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