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El liderazgo en la familia

Dirigir una familia necesita de tanta preparación y gestión como dirigir una empresa. Si no existen unos objetivos, una misión, unos plazos y una estrategia, entre otras cosas, es difícil llevarla a buen puerto. Por el camino perderemos parte de su valor y tomaremos decisiones que en algunas ocasiones pagaremos con un altísimo precio. Si la empresa posee todos estos elementos pero no es dirigida por un buen gestor, por un líder, de nada servirán todos los esfuerzos que hagamos por organizarla. Y lo mismo ocurre con nuestra familia, en la que los líderes naturales son el padre y la madre.

De nosotros depende el bienestar físico, psíquico y espiritual de nuestros hijos. ¡ De nuestros hijos!

No podemos instaurar normas que no cumplimos; no podemos exigir a nuestros hijos más de los que éstos pueden dar. No podemos improvisar, ni dirigir sin una meta, ni tomar decisiones unilaterales sin contar con nuestra pareja. No debemos imponer nuestro criterio a base de gritos y amenazas o dependiendo de nuestro estado de ánimo o cansancio.

 Debemos:

  • Poder comunicarnos con nuestros hijos de manera empática, respetar sus sentimientos y saber ayudarles a lo largo de su evolución.
  • Motivarles y fomentar en ellos los valores que defendemos. Debemos fortalecer los lazos entre ellos, enseñarles a ser fuertes por dentro y por fuera, a no dejarse influenciar por la moda o valores epidérmicos.
  • Dirigir reuniones familiares en la que participe toda la familia y donde se lleguen a acuerdos consensuados por todos. Debemos ser modelo de ejemplo y aplicar una autoridad positiva.

Un buen padre o madre debe ser un buen líder. O intentar trabajar para acercarse lo máximo posible a este estado de excelencia. El que se conforme con menos conducirá una familia abocada al fracaso o a la mediocridad.

¿Qué cualidades debes tener para ser un buen líder?
  • Un buen líder es un pensador que conoce su empresa a fondo. Está al día sobre todos los acontecimientos y los hechos que son relevantes para su empresa. Es capaz de desarrollar procesos ideológicos, logísticos y creativos.
  • Sabe en todo momento con claridad lo que debe y puede exigir del personal que trabaja para él.
  • Tiene un sexto sentido para relacionarse. Sabe delegar, inspirar, motivar y confiar en sus colaboradores y en las personas que le rodean de manera que puedan desarrollar sus tareas con creatividad y ganas. Puede comunicar claramente con sus colaboradores cuáles son sus exigencias y dónde tienen sus límites.
  • Prudencia y discreción son características esenciales de un buen líder. Este es capaz de pensar por la empresa, dejando a un lado, cuando el bien de la empresa lo exija, opiniones personales, a las que no se aferra.
  • Quiere conocer sus defectos y mejorarlos.
  • Tiene una actitud valiente, se atreve a tomar riesgos, es exigente consigo mismo y tiene un gran sentido de responsabilidad, tiene confianza en sí mismo. Es de carácter emprendedor, tiene espíritu negociador y la paz interior suficiente para enfrentarse a situaciones difíciles y controlar el estrés.
  • Es enérgico y sabe tomar las decisiones oportunas antes de que los asuntos se compliquen y se conviertan en urgentes cuando esto no era necesario.
  • Su manera de organizar es dinámica, eficiente y simple en lugar de rápida y con prisas. No pierde de vista el desarrollo de las tareas delegadas y actúa a tiempo cuando no son efectuadas adecuadamente.

Segunda parte de este artículo: ¿Eres un padre líder?

Mariángeles Nogueras
Autora del libro Mi familia, mi mejor empresa

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