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Respeta su “no”

Dos motivos importantes para que escuches las negativas de tu hijo y las respetes. Querer que obedezca a todo puede ser peligroso:
  1. Es legítimo y necesario. En caso contrario, si siempre obedece sin cuestionarse nada y oponer resistencia, corre el riesgo de convertirse en un seguidor y, por tanto, una víctima vulnerable.
  2. Decir “no” le ayuda a reafirmarse, a defender lo que considera justo y a luchar por ello, aunque a nosotros nos resulte incómodo a veces. El “no” de ahora es la semilla incipiente del “no” a la droga, al consumismo o a dejarse manipular por los amigos.
Respeta sus “no” ahora, cuando es pequeño. Entiende sus motivos y conviértelos en criterios razonables para futuras decisiones.

Ayúdale a desarrollar criterio para defender sus ideas y enfrentarse a los demás dialécticamente. Anímale a que explique sus “noes”, a que de sus argumentos y a que escuche los tuyos. Ayúdale a entender que cuando hay discrepancias, se puede llegar a soluciones intermedias donde todos ganen, y no solo uno.

No le digas:
  • En esta casa se hace lo que yo digo.
  • Eres muy pequeño y no sabes.
  • Obedece y calla.
  • No sabes lo que dices…
  • Solo dices tonterías…
  • No te he preguntado tu opinión…
  • ¡Calla! No me interesa lo que vas a decir.
  • Mejor mantén la boquita cerrada y no te meterás en líos.

Con estas frases, solo le haces creer que su opinión y su criterio no tienen valor y debe fiarse ciegamente de la tuya. Acabará haciendo lo que tú quieres pero ten en cuenta que es posible que también acabe obedeciendo ciegamente a los demás. ¿Cómo quieres que desarrolle criterio si no le das libertad para equivocarse?

En su lugar, dile:
  • Me interesa tu opinión
  • Me gustaría comprender tu punto de vista.
  • Veo que no estás de acuerdo. ¿Qué propones?
  • ¿Con qué parte de lo que he dicho no estás de acuerdo?
  • Veo por tu expresión que no opinas como yo. Explícame en qué no estás de acuerdo, por favor.
  • Me encantaría saber qué opinas sobre lo que acaba de pasar…
  • Yo veo el problema de otra manera diferente a la tuya pero podemos hablar sobre ello.
  • Busquemos juntos una solución en la que ganemos los dos.

No estás cediendo sino dándole una oportunidad de expresar sus ideas, de defenderlas y por lo tanto, le estás entrenando para sentirse fuerte ante la presión de los demás. Le ayudas a pensar en posibles soluciones alternativas, le enseñas a negociar, favoreces en pensamiento creativo y divergente y fomentas, en definitiva, su autoestima.

Quizás acabe haciendo lo que tú quieres pero no por coacción sino por convicción. Quizás él tenga razón y sus argumentos sean más convincentes que los tuyos. O quizás no los tenga pero valores que es mejor ceder, confiar en él y permitirle la libertad de arriesgarse. Si se equivoca, habrá aprendido. Si acierta, problema solucionado.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

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