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«Si tú lloras, yo también». Consejos prácticos.

Todos hemos visto alguna vez que un niño se ponga a llorar y otro lo imite casi inmediatamente. O cómo se contagian la risa. Es lo que se llama empatía, o facultad para comprender las emociones y sentimientos de los otros. Gracias a la empatía el niño llega a identificarse con los demás y puede manifestar solidaridad. Los padres podemos contribuir a desarrollar esta conducta que le ayudará enormemente en sus relaciones personales.
  • Los padres de niños muy pequeños pueden ayudarles a desarrollar las raíces de la empatía respondiendo a las expresiones faciales y auditivas de los bebés. Responder a un gritito de alegría, cogerles y acariciarles cuando se han hecho daño, sonreírles y abrazarles cuando nos sonríen, son mínimos ejemplos de las infinitas situaciones vividas con los bebés en las que responder adecuadamente ayudará a nuestro hijo en su desarrollo emocional.
  • A medida que los niños crecen funciona muy bien tener en casa un diario en el que anotemos cada día cosas que cada uno de los miembros de la familia hayamos hecho por los demás: ayudar a un compañero de clase, subir la compra, consolar al amigo que ha perdido a su mascota, ceder el asiento en el autobús, o acompañar al vecino al médico. Cuando los niños se hacen conscientes de que ayudar a otros es bueno para todos, aumentan sus deseos de colaboración y de participación en todos los ámbitos.
  • Las respuestas empáticas que a veces necesitamos como padres en momentos de conflicto con los hijos no siempre surgen espontáneamente. A veces puede ayudarnos recordar una situación similar a la que nuestro hijo está viviendo que nos sucedió a nosotros en nuestra infancia o adolescencia. La cita que sigue es de Goethe y en ella nos advierte de forma inmejorable, que la capacidad de recordar nuestra conducta pasada nos ayudará en el presente a comprender mejor y más profundamente a nuestros hijos:

«Dime, ¿cómo soportas tan cómodamente la arrogante conducta de la exasperante juventud? Si otrora también yo no me hubiese comportado insoportablemente, en verdad qué insoportables serían.»

  • Si queremos modificar nuestra conducta con actitudes más empáticas de las mostradas hasta ahora, seamos pacientes. Empecemos por descubrir nuestros propios sentimientos, sintonicemos con ellos si no lo hacemos habitualmente. Reconocer sentimientos ajenos pasa necesariamente por el conocimiento de los propios.
  • El mejor de los consejos en lo que se refiere a la empatía es, sin duda, que la vivamos. La imitación de nuestras conductas por parte de nuestros hijos en lo que se refiere a la empatía es la mejor de las enseñanzas que podemos ofrecerles.

Carmen Herrera García
Profesora de Educación Infantil y Primaria

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