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Vivir las matemáticas en familia

Las matemáticas pueden ser prácticas y divertidas si no las limitamos al cálculo escolar o a los problemas escritos de cuántos caramelos tiene tal o cual. El cálculo, la geometría, las medidas, las proporciones están constantemente presentes en el hogar, el parque, la calle o los paseos. Si como adultos aprendemos a mirar y a descubrir las relaciones entre los objetos, las características y cualidades que encierran o la forma en que los utilizamos, podremos poner al alcance de nuestros hijos la magia de las matemáticas demostrándoles cómo su uso ordena y organiza nuestro mundo.

 

Las matemáticas organizan el mundo que nos rodea y están presentes en la mayoría de actividades cotidianas: desde servir una taza de leche, ir a comprar algunos kilos de fruta, recorrer la distancia diaria hasta la escuela o poner la mesa para seis comensales.

El niño es un curioso matemático desde que empieza a explorar el mundo que le rodea.

Observa las formas de los objetos, aprecia las texturas con su boca, descubre cómo hay objetos que se desplazan rodando o saltando o rompiéndose en mil pedazos. Su curiosidad no tiene límites. Su necesidad de conocer, de descubrir, de interpretar el mágico y fascinante mundo en el que vive, le lleva a probar, errar y repetir, de forma incansable. Y esos son los requisitos previos de todo científico en ciernes.

Los problemas empiezan cuando se le enfrenta con el aprendizaje abstracto de las matemáticas

Los números separados de las cantidades, las medidas codificadas en un lenguaje extraño de metros, decímetros y decámetros, las formas reducidas al triángulo, cuadrado y círculo…

Nuestro hogar, el jardín o la terraza, la calle, el vecindario, el parque o el autobús son espacios factibles de ser investigados, analizados, descritos, observados desde una óptica matemática. Depende de nosotros como padres que seamos más o menos sensibles a plantear preguntas que conduzcan a nuestros hijos de manera que miren a su alrededor de otro modo. Para ello necesitaremos darnos cuenta de que las matemáticas surgen de la experimentación con objetos reales y que debe ser a través de ellos que nuestros hijos hagan muchos de los descubrimientos que le llevarán a una comprensión más profunda del medio en el que viven, a la vez que les permitirá descubrir las matemáticas como lo que son: una herramienta imprescindible en la vida de todas las culturas.

Cómo podemos sacar partido de un paseo, una cena o una visita a casa de nuestros amigos:
  1. Busquemos objetos que “vivan en parejas”.
    Los zapatos, las mangas de las chaquetas y de las camisas, las perneras de los pantalones, los cristales de las gafas, etc.
  2. ¿Quiénes van siempre juntos?
    El cepillo y la pasta dental, el plato y la taza, la sopa y la cuchara, el lápiz y la goma, etc.
  3.  Vamos a poner la mesa, seremos cinco, ¿cuántos servicios necesitamos?
    Cuenta las cucharas, los tenedores, los vasos, las servilletas, dos platos por cinco comensales ¿cuántos platos son?
  4. Sobre el transcurso del tiempo:
    Animarles a hacer diferentes estimaciones sobre el tiempo que se tarda en poner la mesa, lavarse los dientes o darse una ducha. Comprobar luego el tiempo real de duración y ver las aproximaciones.
  5. Salgamos a pasear y descubramos formas:
    En las señales de tráfico, los carteles publicitarios o los rótulos de los comercio, cilindros, triángulos, óvalos, rombos, pirámides…
  6. Busquemos figuras tridimensionales en los productos del supermercado:
    Los “bricks” de leche, las latas, los paquetes de cereales o de jabón, ¿cuáles son las más utilizadas?, ¿cuáles se apilan mejor? Hablemos de las aristas, los ángulos o las formas de las caras de las figuras que forman.
  7. Mostremos cómo nos ayudan las fracciones a la hora de partir un pastel.
    Permitamos que nuestro hijo calcule primero los pedazos que se necesitarán y que haga un cálculo de cómo deberá dividir el pastel para que los pedazos sean iguales y cada comensal reciba una parte proporcional.
  8. Podemos enseñar las tablas de multiplicar con botones:
    Un botón tiene dos agujeros, dos botones cuatro, tres botones seis, etc.
  9. Describamos un semáforo, un autobús o un árbol y apreciemos el vocabulario utilizado:
    Medidas, comparaciones, colores, usos, cantidades, tamaños….
  10. ¿Cuánto mide…?
    Midamos la sala, la habitación, la mesa o la cama utilizando el pie, el palmo o una cuerda que mida un metro. Hablemos de los metros lineales, cuadrados y cúbicos. Estimemos la distancia que hay hasta un punto dado tomando como unidad la acordada. Comprobemos después lo acertado de la estimación midiendo realmente la distancia.
  11. Hablemos de lo que es un km.
    Recorramos la distancia con el coche marcando la salida y la llegada. Conversemos sobre lo que pensábamos que era un km. y lo que realmente es.
  12. Apreciemos cómo se descompone un litro en vasos
    Si los niños son menores de seis años los vasos deben ser iguales entre si. (un vaso es aproximadamente 200cc.).
  13. Viajando en coche, juguemos a sumar los dígitos de las matrículas.
    Descubramos matrículas pares e impares, encontremos la matrícula con el número más alto…
  14. ¿Cuánto pesa?
    Con la balanza de cocina de casa o cuando compramos la fruta en el supermercado, comprobemos cuál es el peso de una fruta, cuántas frutas iguales entran en un kilo, cuántas necesitaremos para comprar dos kilos, veamos qué es medio kilo, un cuarto de kilo o 100 gr. Podemos hacer lo mismo mientras preparamos los ingredientes para un pastel.
  15. Vayamos de compras y permitamos que nuestro hijo anote los precios de los productos que compramos.
    Deberá utilizar multiplicaciones sencillas, restas o sumas de tal modo que comprobemos antes de llegar a la caja de pago cuál será el importe, cuánto dinero necesitaremos y cuál será nuestro cambio.

Todas las actividades propuestas tienen como objetivo descubrir con nuestros hijos la finalidad de las matemáticas. Comprobando con ellos su utilidad, lograremos que experimenten vivencialmente esta asignatura que, en el caso de no ser comprendida, puede dar problemas a lo largo de toda la escolarización, resultando además frustrante para padres e hijos.

La vida diaria nos ofrece constantemente oportunidades de aprendizaje e investigación que, convenientemente aprovechadas, crearán en nuestro hogar y nuestra familia un ambiente de descubrimiento que favorecerá de manera directa e indirecta la escolarización de nuestros hijos.

Carmen Herrera García
Profesora de Educación Infantil y Primaria

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