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Construir con ternura, construir con firmeza

Estupendo comercial que nos habla de la importancia del contacto físico con nuestros hijos. Evidentemente, no puede faltar cuando estos son pequeños. Un bebé no puede subsistir sin el cuidado de sus padres, pero además tampoco puede desarrollarse correctamente si no recibe el amor que necesita.

Pero el vídeo me recuerda también la necesidad de contacto físico con nuestros hijos adolescentes, cuan “lloran” a su manera y nosotros, en lugar de ser ejemplo de ternura y comprensión, nos alejamos de ellos. Esa rebeldía adolescente es similar al lloro de ese bebé, que reclama que se atiendan sus necesidades.

El poder de la ternura es infinito. Tiene la propiedad de “derretir” a nuestros hijos. Se deshacen cuando temblorosos, tras una “metedura de pata”, reciben un abrazo. Cuando pillados in fraganti en una mentira escuchan “no era necesario mentir, te quiero hagas lo que hagas”. Aplicar la consecuencia de la falta no es incompatible con aplicarla con ternura.
Hay ternura cuando les decimos a nuestros hijos “te pido disculpas por lo que he dicho” o “tu vida es muy valiosa para mí por eso discúlpame si a veces la protejo demasiado” … Hay ternura cuando les acariciamos el pelo, les miramos con aceptación o les animamos a intentarlo de nuevo con una palmadita en la espalda.
Un padre o madre tierno trasmite serenidad a los hijos, paz y seguridad. Inspira a la confianza mutua y, cómo dice la ensayista Julieta Gómez Paz: “La ternura es la gota que termina de llenar esa inmensa copa que contiene el verbo amar”.

¿Por qué somos tan tiernos cuando nuestro hijo es un bebé y dejamos de serlo cuando van creciendo? ¿Por qué olvidamos la ternura por el camino? Podemos discutir, negociar o aplicar consecuencias sin frialdad o dureza.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

 

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