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Cuando las prisas de los padres se convierten en estrés para los hijos.

El sistema neurológico de nuestros hijos no está preparado para el ritmo de vida al que están acostumbrados los adultos. No está tan entrenado y es mucho más sensible a las presiones y al estrés.
Este es un motivo por el que no debes contagiar a tu hijo de tus prisas y vorágine. Pero hay otro motivo igual de importante que tiene que ver con sus habilidades cognitivas.

Tu hijo está en formación constante. Cada día aprende y descubre cosas nuevas. Necesita calma para asimilar sus aprendizajes y para poder aprovechar al máximo las oportunidades del día a día con conciencia plena.  Necesita cierto estado de equilibrio emocional e intelectual para revisar sus errores, sacar conclusiones y buscar estrategias para no repetirlos, para que distingan lo importante de lo que no lo es. Un pensamiento divergente, hipotético o deductivo necesita tener en cuenta muchas variables, pequeños detalles que bajo las prisas pasan desapercibidos.

E incoherentemente les exigimos un trabajo de calidad, que lo poco o mucho que hagan lo hagan  bien, que se organicen, que prevean consecuencias, que controlen su agenda y sus tiempos y, sin embargo, les enseñamos a ir por la vida corriendo, improvisando, con prisas para compensar la falta de planificación.

No solo les damos prisa para que se vistan, desayunen, recojan… también para que aprendan, para que entiendan lo que les explicamos, para que hagan amigos, para que se atrevan con nuevos desafíos…¡para que crezcan! Olvidamos que tienen su propio ritmo de aprendizaje y madurez, una personalidad diferente a la nuestra, unos intereses y objetivos distintos… Darles prisa no soluciona ningún problema sino que lo agrava, les impide crecer y los separa de nosotros.

Sustituye las prisas por organización y planificación. Ten en cuenta su capacidad de aprendizaje y reacción. Ante los problemas, media con tu hijo, negocia, haz reuniones familiares y resolución de conflictos, dale un tiempo para reflexionar antes de responder… ¡Incluso dale el espacio físico para hacerlo!

Por supuesto que nuestros hijos deben acostumbrarse al ritmo que marca la sociedad, por supuesto que deben acostumbrarse a trabajar bajo presión y a responder a estímulos estresantes pero preparémosles previamente para ello, dotémosles de recursos cognitivos, seleccionemos los estímulos para que desarrollen capacidades y no seamos nosotros el origen de su bloqueo y su estrés.

Con prisas no hay espacio para conectar con sus almas. Solo para hacer muchas cosas sin trascendencia.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

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