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Las siete características de las familias altamente lectoras

Después de explicarles a mis alumnos más pequeños qué es el cerebro y para qué sirve, les pregunto: ¿Sabéis cuáles son los alimentos preferidos del cerebro? ¿Los que le permiten crecer muuuucho y ser más inteligente?
Ellos dicen de todo: “necesitan chocolate, chuches, ver dibujos animados o un masaje en la frente”.

A todas sus propuestas les digo que “hay algo mejor”, una y otra vez. Hasta que locos de curiosidad, y algo de desesperación, me preguntan: ¿y qué es lo que come el cerebro y lo hace más inteligente? ¡Dilo yaaaa, por favor!, A lo que les contesto con gran naturalidad: el alimento que más le gusta al cerebro para crecer es la lectura.

Y no es una metáfora. Lo mismo que les digo a los niños sirve para los adultos: construir una familia lectora es invertir en pensamiento crítico, en adolescentes reflexivos que se cuestionarán las cosas.

Las siete características de las familias altamente lectoras


  1. Saben crear un ambiente de lectura en casa. Entienden que leer es importante y se esfuerzan por convertir esa actitud en una costumbre gratificante para los hijos. No imponen sino que contagian este hábito.
  2. Son ejemplo para sus hijos. Es habitual ver a estos padres con un libro o un periódico en la mano, con un manual de instrucciones, un catálogo de viajes o un folleto de propaganda. Hablan sobre libros. De literatura, de lo que les gusta y disgusta, de las emociones que suscitan. Hablan de los libros con entusiasmo, de las novedades y descubrimientos, de sus autores favoritos y sus obras. En sus casas hay tablones para dejar avisos, pizarras para dejar notas o recordatorios, calendarios con fechas señaladas…
  3. Están rodeados de libros “vivos”. Libros amigos, para divertirse, para hojearlos, para leer y no parar; libros de imágenes, con letras y sin letras; libros para leer en la cocina, en la cama, en el sofá o en el cuarto de baño. Libros tentadores… como un apetitoso bombón olvidado en la mesita de noche…
  4. Convierten la lectura en un momento afectivo. Consiguen que sus hijos asocien desde muy pequeños la lectura con algo cálido y especial. Para ello, reservan un tiempo y un espacio para leer con sus hijos y lo aprovechan para divertirse juntos: juegan con las ilustraciones o con las palabras, les hacen cosquillas al ritmo de una poesía, leen en voz alta a su peluche, hablan de sus inquietudes…
  5. Convierten la lectura en una necesidad para sus hijos. Les proporcionan oportunidades en las que necesitan la lectura para conseguir sus objetivos: recados escritos, la lista de la compra, una nota en el calendario, juegos con instrucciones, catálogos de juguetes, la sección deportiva del periódico, la programación de la tele, recetas culinarias, invitaciones, felicitaciones, cartas…
  6. Saben seleccionar los libros más atractivos, aquellos que conectan con las aficiones y temas de interés de sus hijos (animales, civilizaciones antiguas, películas…) y acordes con su edad madurativa.
  7. Conocen qué tipo de lector es su hijo y respetan su ritmo. Hay lectores compulsivos, que no paran hasta que han terminado el libro. Los hay, en cambio, más tranquilos. Hay lectores a quienes les gusta releer el mismo libro y los hay ávidos de novedades. Los hay noctámbulos y diurnos. Darle un margen a su manera de leer contribuye a consolidar el hábito.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos.com

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