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NO a la obediencia a costa de todo

Es relativamente fácil hacer que los niños pequeños nos obedezcan. Mientras son pequeños, ya sea por miedo al castigo, por el amor ciego que nos tienen o porque creen sin dudar nuestras razones, nuestros hijos nos obedecen.
Pero la mayoría de las veces, ciegamente. Son pequeños y no tienen otro criterio.

Sabemos que esto no se mantendrá en el tiempo. A medida que crezcan, sin duda alguna, se cuestionarán nuestras órdenes. Afortunadamente empezarán a pensar por sí mismos y a enfrentarse a nuestras opiniones y decisiones.

Para que ese enfrentamiento sea enriquecedor, debemos acostumbrarles a recibir desde pequeños argumentos coherentes basados en el cariño y no en nuestro estado de ánimo. A que, teniendo en cuenta sus límites y los impuestos por nosotros, hagan y se hagan preguntas, incluso a que se cuestionen algunos de nuestros argumentos, lo que nos permitirá entablar una conversación con nuevas preguntas y argumentos diferentes.

La argumentación nos permite desarrollar en nuestros hijos un pensamiento lógico, divergente o hipotético. Nuestras preguntas les ayudarán a tener una comunicación descentralizada, a dar respuestas justificadas, a diferenciar datos relevantes de irrelevantes o a percibir y definir el problema.

De esta manera conseguiremos que lleguen a la adolescencia con criterio suficiente para no dejarse arrastrar, tomar las mejores decisiones y defender con seguridad sus principios.

No obligues a tu hijo a obedecer (a no ser que corra riesgo su bienestar físico). Media con él, ayúdale a tener un pensamiento crítico y que cuando te obedezca sea por coherencia y prestigio, nunca por coacción.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

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